Una reflexión a partir del ejemplo ocurrido en el Hospital Regional Taiwán de Azua

OPINION

Azua: tierra de poetas, de hombres valientes y de mujeres emprendedoras.

Hay acontecimientos que trascienden el hecho que los origina y terminan convirtiéndose en lecciones de organización, liderazgo e institucionalidad. Lo ocurrido recientemente con la dirección del Hospital Regional Taiwán, en la provincia de Azua, es uno de ellos.
Tras un período de inestabilidad en esa importante posición, fue designado un médico de la propia provincia, un profesional con capacidad, experiencia y trayectoria. Posteriormente, esa decisión fue modificada para designar a otro profesional procedente de una provincia vecina. Más allá de los méritos personales de ambos, el debate nunca debió centrarse en las personas, sino en el principio que estaba en juego.
La reacción del gremio médico de Azua, acompañado por importantes sectores de la provincia, dejó una enseñanza que merece ser destacada. Con respeto, disciplina, firmeza y argumentos, defendieron la convicción de que Azua dispone del talento humano necesario para dirigir una institución de esa magnitud. No hubo insultos ni confrontaciones innecesarias. Hubo unidad de propósito, coherencia y una defensa organizada de los intereses de la provincia. El resultado fue que la decisión fue reconsiderada y el director fue restituido.

Ese episodio trasciende las fronteras de Azua. Es una lección que también interpela a quienes hacemos vida política en Europa.

Con frecuencia observamos cómo importantes espacios públicos vinculados a la diáspora son ocupados por personas que no forman parte de la comunidad dominicana organizada en Europa. Debe quedar claro que esta reflexión no cuestiona la capacidad de quienes son designados ni la facultad constitucional que tiene el presidente de la República para realizar los nombramientos que estime convenientes. Ese derecho es legítimo y merece todo nuestro respeto.


Nos invita, antes que nada, a mirarnos a nosotros mismos.

Es momento de hacer un verdadero mea culpa. Porque la principal responsabilidad no está fuera de Europa; está dentro de nuestras propias estructuras.

La realidad demuestra que hoy tenemos un partido que, en Europa, presenta importantes debilidades organizativas. En demasiadas ocasiones nuestros organismos parecen activarse únicamente cuando coinciden intereses particulares o de determinadas corrientes internas. Sin embargo, cuando se trata de defender los intereses institucionales del partido y de la diáspora en su conjunto, esa capacidad de articulación desaparece. Esa realidad ha contribuido a una desconexión entre el partido y el gobierno que debemos corregir con responsabilidad.

También surge una reflexión inevitable: ¿dónde está la voz institucional de quienes fueron elegidos por el voto de la diáspora europea?

Nuestros representantes legislativos fueron electos para representar los intereses colectivos de los dominicanos residentes en Europa. Nadie desconoce ni minimiza las gestiones individuales que realizan en beneficio de muchos compatriotas; esas acciones son valiosas y merecen reconocimiento. Pero la representación política también implica liderazgo colectivo, orientación institucional y una presencia activa cuando los intereses generales de la diáspora requieren una voz firme, respetuosa y permanente.

La misma responsabilidad corresponde a presidentes, secretarios generales, dirigentes y funcionarios del partido. Fortalecer las estructuras no puede seguir siendo una tarea pendiente. Un partido cumple plenamente su misión cuando sus organismos funcionan de manera permanente, canalizan propuestas, identifican oportunidades, defienden espacios y sirven de puente efectivo entre la militancia y el gobierno.

Cada posición que logra un compañero o una compañera de Europa, independientemente de la corriente a la que pertenezca, debe entenderse como una conquista colectiva. Los espacios políticos no tienen dueño; son el resultado del esfuerzo acumulado de una militancia que durante años ha trabajado por el crecimiento y fortalecimiento del PRM.

Europa dispone de profesionales, técnicos, empresarios, académicos y dirigentes con sobradas condiciones para asumir responsabilidades en consulados, embajadas y otras instituciones del Estado. Ese talento existe. Lo que necesitamos es un partido organizado, funcional y articulado, capaz de identificar esos perfiles, presentarlos oportunamente y acompañar institucionalmente esos procesos.

El presidente de la República ha demostrado, en múltiples ocasiones, una disposición permanente a escuchar, a evaluar propuestas y a tomar decisiones pensando en el interés nacional. Precisamente por esa vocación democrática, corresponde también a quienes integramos el partido fortalecer nuestros organismos, canalizar iniciativas y construir los puentes necesarios para que exista una comunicación cada vez más efectiva entre el partido y el gobierno.

La mejor manera de respaldar la gestión presidencial no es permanecer en silencio, sino contribuir con organización, propuestas, información oportuna y una estructura partidaria funcional que identifique oportunidades, promueva el talento de nuestros dirigentes y sirva de apoyo permanente a la labor del Gobierno. Un gobierno fuerte se fortalece aún más cuando cuenta con un partido fuerte, organizado y comprometido con sus principios.

La gran enseñanza que nos deja Azua es sencilla, pero profundamente poderosa: cuando una comunidad se organiza, deja de lado los intereses particulares y actúa con unidad, coherencia e institucionalidad, los resultados llegan.

Ese es el verdadero desafío que tenemos por delante en Europa.

No se trata de levantar la voz para confrontar. Se trata de levantarla para construir.

No se trata de reclamar privilegios. Se trata de defender, con respeto y argumentos, los espacios que legítimamente puede ocupar una diáspora que ha trabajado, militado y aportado durante décadas al fortalecimiento de nuestro partido.

No se trata de señalar culpables. Se trata de asumir responsabilidades.

Porque, al final, el mayor ejemplo que nos deja Azua no es únicamente la restitución de un director.

El mayor ejemplo es haber demostrado que, cuando una comunidad actúa unida, organizada y con un propósito común, las instituciones escuchan, el diálogo da frutos y el interés colectivo termina imponiéndose sobre los intereses particulares.

Ojalá esa sea también la ruta que inspire a la dirigencia del PRM en Europa: más organización que improvisación; más institucionalidad que protagonismo; más unidad que divisiones; y, sobre todo, un partido cada vez más fuerte para seguir acompañando y fortaleciendo la excelente gestión de gobierno que encabeza nuestro presidente, en beneficio de todos los dominicanos, dentro y fuera de la República Dominicana.

Una reflexión a partir del ejemplo ocurrido en el Hospital Regional Taiwán de Azua

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