PRM: Entre la herencia del PRD y el desafío de no repetir la historia

SANTO DOMINGO, RD.- El Partido Revolucionario Moderno (PRM) es, en muchos aspectos, una costilla del mismo costado del antiguo Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Comparte una misma genética política, una bioquímica organizativa heredada de décadas de luchas, victorias y derrotas. Aunque representa una estructura nueva en su forma, conserva rasgos históricos que no pueden ignorarse ni esconderse bajo el entusiasmo del presente.
El viejo PRD estuvo marcado por prácticas internas que debilitaron su fortaleza electoral: mañas organizativas, manipulaciones, chismes, zancadillas y permanentes confrontaciones entre sus principales figuras. Las divisiones y las traiciones se convirtieron en heridas recurrentes que terminaron afectando su capacidad para mantenerse unido frente a los grandes desafíos nacionales.

La ingratitud hacia dirigentes medios y líderes de base también formó parte de aquella realidad política. Muchos hombres y mujeres que dedicaron años de trabajo y sacrificio terminaron relegados o abandonados cuando cambiaron las circunstancias del poder. La falta de solidaridad interna fue, en numerosos momentos, una de las principales causas del deterioro institucional del partido blanco.

Hoy, el PRM enfrenta un desafío similar. Su mayor fortaleza, paradójicamente, puede convertirse en su más grande peligro. La abundancia de liderazgos y la existencia de múltiples precandidatos presidenciales demuestran vitalidad democrática, pero también crean tensiones que, si no son manejadas con prudencia, podrían poner en juego la propia existencia y cohesión de la organización política.

He observado en algunos simpatizantes de diversos aspirantes, unos más que otros, ciertas actitudes de altanería, prepotencia y soberbia. Esas manifestaciones constituyen una señal preocupante. La arrogancia política suele ser el primer síntoma de los errores que posteriormente conducen a las fracturas y a los enfrentamientos internos más difíciles de superar.

La experiencia histórica enseña que los partidos sobreviven cuando sus procesos internos producen resultados claros y ampliamente aceptados. Por ello, quien resulte ganador o ganadora de las primarias de octubre de 2027 debería alcanzar una victoria contundente, superior al setenta por ciento de los votos. Esa sería la mayor garantía para preservar la unidad y evitar que las diferencias legítimas se conviertan en divisiones irreparables.

A los aspirantes les corresponde actuar con serenidad y adquirir, como dice el lenguaje popular, “quinientos pesos de juicio”. La ambición política necesita estar acompañada por la prudencia y el sentido histórico. Ningún proyecto personal debe colocarse por encima de la estabilidad de la organización que hizo posible el acceso al poder.

La historia dominicana ofrece suficientes lecciones. La división de 1986 dejó profundas heridas; las confrontaciones de 2004, 2008 y 2012 prolongaron largos períodos de permanencia en la oposición, con apenas una breve pausa entre 2000 y 2004. Fueron casi tres décadas marcadas por las consecuencias de las fracturas internas. Más recientemente, la división del Partido de la Liberación Dominicana en 2019 constituye otro espejo en el que cualquier organización política debería mirarse con humildad y reflexión.

Las enseñanzas bíblicas y políticas convergen en una misma verdad. El Evangelio según Lucas enseña que “todo reino dividido contra sí mismo cae”, mientras que la célebre máxima de Maquiavelo, “divide y vencerás”, podría reformularse para la realidad partidaria dominicana como: “divide y perderás hasta la ropa interior”. La unidad, la tolerancia y el respeto mutuo siguen siendo la única garantía para la permanencia y el éxito de cualquier proyecto político duradero.

Fuente: https://sdedigital.net/prm-entre-la-herencia-del-prd-y-el-desafio-de-no-repetir-la-historia/

PRM: Entre la herencia del PRD y el desafío de no repetir la historia

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