
Hay momentos en la vida política nacional en los que uno siente que el ambiente cambia. No es escándalo, no es crisis, es percepción. Y en política, sobre todo cuando se gobierna un país, la percepción también gobierna. No porque el proyecto esté mal, ni porque el gobierno haya perdido el norte, sino porque cuando se gobierna por varios años consecutivos, empiezan a aparecer tensiones naturales, silencios incómodos y conversaciones que ya no se dan con la misma franqueza.

